Dark

El
mundo se colma de promesas encantadoras, pero nosotros lo atravesamos
en ferviente soledad. Nuestra negación de la felicidad parece
definitiva, nuestro pesimismo, cósmico. Sin embargo, tanto temor
frente a la belleza, casi su negación, nos deja la inclinación
a una nostalgia que reclama respuesta. El no a la vida es, paradójicamente,
un testimonio positivo, íntima adhesión a alguna verdad.
Y la belleza nos sorprende, nos deja sin palabras, nos entrega en las
manos una extraña, confusa pena infinita.
Como en la tela del pintor, el viajero alcanza el límite de una
tierra solitaria, un mar de niebla que cubre el valle, un bosque al
final de los escarpados senderos, un yermo desolado donde asoman las
ruinas de una abadía, la vastedad perturbadora del mar. Esta
figura observa el infinito, la noche que lo envuelve con su lóbrega
luz.
Estamos con el, nosotros somos el.
Casi como cuando escuchamos un poema de Curtis, aquellas sílabas
nos hablan sobre un tormento, de las horas que corren, de un amor imposible,
de un deseo inesperado, y la música ensambla la verdad del corazón
humano de tal manera que no conoce comparaciones, quizás no en
este mundo.
Datos
de la pintura
Titulo: El caminante ante el mar de niebla, 1818
Autor: Caspar David Friedrich
Museo: Hamburger Kunsthalle
Características: Oleo sobre lienzo 94,8 x 74,8 cm.
Estilo: Romanticismo Alemán
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